El combate Guadalupano
Vi pasar un Juan Diego, uno de apenas de 80 centímetros. El bigote mal pintado no desencaja con la sonrisa sin dientes. Atrás otro, y otro, y otro. Mientras ellos son cargados y guiados, llevan consigo los ruegos de sus padres. La fé y la devoción son escudos necesarios en una población que pierde la confianza entre sí mismos. Cuando a esos que decides te representen y deciden por ti, no lo hacen. Y más cuando la esperanza de encontrar alguien que sepa guiar a un pueblo decadente de moral, de fortuna, de alegría, de estabilidad y seguridad, se pierda en el camino de los discursos a las casillas, regresando a casa con una canasta básica vacía. Los guadalupanos son más allá de una religión. Son un pueblo ávido, urgido de paz y ungido en la fé. Donde creer fervientemente, pedir, llorar, cantar, agradecer, aún cuando no haya mucho, significa fuerza y unión. Los pequeños Juan Diegos refuerzan la convicción en ese algo, son más allá de la foto y el "borriquito", más allá de la ...